"¡QUE NUNCA LO OLVIDEN!"
Eso es algo que debes repetirle al espejo. ¿Recuerdas que una vez olvidaste tus llaves o te robaron? El sentimiento de impotencia fue horrible. Las consecuencias fueron muy desagradables.
Algo así se siente cuando uno olvida una idea importante a mitad de un discurso. Felizmente, hay un recurso práctico para nunca olvidar. La mnemotecnia, un manojo de tres llaves que abren y cierran el cofre de tu memoria: impactar, repetir y asociar. Es la ley de la memorización.
Tienes que darle a la idea hasta asegurarte de que quedó bien fija en tu memoria y en la de tus oyentes.
Tus oyentes no recuerdan lo que dices, sino la manera como lo dijiste en cuanto a si impactaste con un detalle inolvidable; repetiste estratégicamente la palabra clave y asociaste lo abstracto con cosas concretas que les resultaban familiares.
Cualquiera puede hablar, pero no todos son recordados por sus dichos, a menos que los digan de forma impactante, reiterada y mediante buenos ejemplos.
Siempre di: "Por ejemplo",
y dales un ejemplo.

