Por "tiempo" podemos entender: un rato, unos segundos, minutos, horas, días, meses, años, siglos, plazos, lapsos, períodos, fechas, etapas, circunstancias, oportunidades, eventos, coyunturas, chances, épocas, eras.
Lo que nos ocupa ahora es la duración de un discurso, la cantidad de segundos y/o minutos que te conceden para hablar y lo que decides hacer al respecto.
Cuanto antes empieces, mejor. Tu mente profunda se mantedrá alerta 27x7 a absorber instintivamente cualquier cosa, idea o evento relacionado con el tema, y ampliarás tu perspectiva.
También puede referirse a la cantidad específica de tiempo que decidas dedicar a cada sección del discurso.
También puede referirse al tiempo que tus oyentes apartan para asistir a tu exposición, sobre todo si tienen que viajar por tierra, agua o aire, lo cual afecta su estabilidad (cansancio, salud, desconocimiento de la zona, alimentacion).
También puede referirse al tiempo que te tomará desplazarte hasta la sala de conferencias desde el lugar donde está tu alojamiento, o desde el lobby o bar hasta el auditorio del hotel.
También debes considerar el tiempo meteorológico o clima de la zona. No es lo mismo hablar a nivel del mar y con buen clima que a varios miles de metros sobre el nivel del mar con un clima complicado, incluso cómo se adapta tu organismo. Por ejemplo, sales del avión en Cusco, Perú, y el aire frío te deja ronco, sin voz. ¿Qué harás?
Por tanto, cuando hablamos de tiempo, tienes que ponerte en todos los casos a fin de tomar precauciones.
Un descuido podría resultar en llegar tarde y pasar vergüenza y echar a perder la paciencia del auditorio, tu prestigio, el de tu compañía o el de tu país. La próxima vez quizás no te inviten a participar en otra conferencia.
Para no fallar, lo mejor es contar el tiempo al revés. En vez de pensar "cuanto tiempo falta", piensa en el tiempo que te tomará DESDE preparar todo lo que debas preparar HASTA el momento de subir al escenario o plataforma. Cada minuto suma.
Contar el tiempo al revés te permite ser más realista y perspicaz. No olvides incluir suficiente tolerancia para el suceso imprevisto, que nunca falta (un atasco en el tránsito, a mitad de camino recuerdas que olvidaste algo, etc.).
Es mejor que sobre tiempo a que falte. Si tomas precauciones, te sentirás bien y tendrás tiempo para repasar algunos puntos del discurso, como la introducción o la conclusión, el uso de apoyos visuales y otros detalles que te inquieten. Pero si llegas tarde, podrías invitar al desastre.
Por ejemplo, si llegar al lugar te tomaría unos 20 minutos, considéralo como 40 o más, dependiendo del tráfico. Si llegar al aeropuerto de toma 40, sal una hora antes. Si la línea aérea dice: "Llegue al aeropuerto dos horas antes", mejor llega tres horas antes. Es mejor pasear por ahí que andar corriendo y sudando de preocupación si se te pierde el equipaje o la puerta de embarque de tu trasbordo queda al otro extremo del aeropuerto.
Si no te presentas unos 20 minutos antes del programa, o por lo contrario, te excedes de tiempo con tu discurso, otros oradores podrían perjudicarse y enfadarse. Además, si el programa se transmite por radio o televisión, los patrocinadores podrían imponer una penalidad si por culpa de un orador no se cumple puntualmente con los espacios publicitarios conforme al contrato.
Por estas y otras razones, no es prudente tomar el tiempo a la ligera. Busca más sobre otras precauciones en el índex, secciones S.O.S. y Tips.
ARRIBA
