Es una orden que debes darle al espejo, voz que indica diseñar un esquema mnemotécnico de ideas del discurso, ya sea mentalmente o por escrito, a fin de recordar los detalles importantes.
Hay que conectar y dividir las ideas con lógica de modo que migren cómodamente desde tu mente a la mente de tus oyentes.
Lo primero que cualquier persona suele hacer cuando comienza a servirse una comida es dividir una porción pequeña que pueda introducir en su boca. Si se trata de un trozo grande, lo cortará con un cuchillo. Si se trata de un líquido, beberá un sorbo. Si se trata de sopa, tomará una cucharada. No se atraganta con trozos ni tragos enormes porque se atoraría y quizá tendrían que hacerle la maniobra de Heimlich para salvarle la vida. Además, no lo disfrutaría.
Dividir las ideas en tres tiene una ventaja. Tres patas son mejores que dos cuando se trata de una silla o mesa. Le dan gran estabilidad. Igualmente sucede con un discurso. No significa que no puedas dividirlo en dos, cuatro, cinco o más. Pero mi sugerencia es dos o tres porque es suficiente para soportar el peso de la responsabilidad.
¿Cómo decidir de cuál idea hablar primero, cuál irá en medio y cuál al final? La respuesta es: en orden lógico. ¿Y qué es un orden lógico? Es llevar de la mano al oyente de una idea a la siguiente de manera gradual, natural, de forma que cada una concuerde y prepare el camino a la siguiente.
Puedes colocar tus ideas en orden de importancia, de problema a solución, de causa a efecto, según una cronología y/o según su naturaleza. Por ejemplo:
- Oro, plata, cobre.Recuerda, lo importante es ir por secciones, poco a poco, colocando un cimiento, luego la estructura, finalmente los acabados.
- De 1970 a 1990.
- Si no se prevé, se improvisa






